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Resumen - Bibliografía
Presentación del artículo de Joan Busquet
Margarita Solé
Tuvimos el honor, tras la asamblea de nuestra
revista, de escuchar a Joan Busquet en su conferencia: La utilización del lenguaje para
enmascarar la realidad (¿Hay que cambiar las
palabras para cambiar las cosas?).
Como psicoanalistas sabemos de la importancia
de las palabras y de su poder para crear o
enmascarar realidades. Sabemos de su fuerte lazo
con el mundo emocional y de su capacidad para
despertar o esconder afectos. Casi se nos hace
realidad un pasaje del Evangelio: «con una palabra
tuya bastará para sanarme». Tal es la fuerza que
sabemos tienen las palabras.
Y esto también lo saben los lingüistas y los
estudiosos de la comunicación. Escuchemos a Álex Grijelmo (2000): «El espacio de las palabras
no se puede medir porque atesoran significados a
menudo ocultos para el intelecto humano;
sentidos que, sin embargo, quedan al alcance
del conocimiento inconsciente»
La conferencia tuvo un doble interés.
Por un lado, el tema que, es apasionante;
por otro lado, el conferenciante, tanto por sus
conocimientos como por su profesión, diferente
a la nuestra, con lo cual fue portador de otra
mirada. Y esto quedó demostrado en el coloquio
posterior, que transcurrió con gran viveza
y riqueza.
Escuchamos a un hombre comprometido
con la palabra, un hombre que opina que la lengua
es la única cosa verdaderamente democrática que
nos queda.
Comprometido y luchador, comenzó
estudiando derecho y ciencias políticas, estudios
que no pudo acabar por ser expulsado de la
universidad precisamente por su responsabilidad
con la política y con la libertad, entre otras la
libertad de expresión.
Joan Busquet fue dirigente del PSUC y director
del semanario Treball en los años 1975-81.
Entre 1981-90 dirigió el Gabinete de prensa de
la Diputación de Barcelona y el de la Delegación
del Gobierno en Cataluña.
Su profesión es periodista. Entró a trabajar en
El Periódico de Catalunya en el año 1990,
ocupando diversos cargos: jefe de política, jefe de
edición, jefe de edición en catalán, coordinador
general y en la actualidad subdirector.
Es autor del libro de estilo del diario y ha
publicado diversos artículos sobre el tema de su
conferencia así como impartido diversos cursos
sobre cómo escribir en la prensa, entre otros a
psicoanalistas.
Volvamos a Álex Grijelmo y a su libro, que por
cierto me recomendó Joan, La seducción de las
palabras:
Las palabras tienen, pues, un poder oculto por cuanto
evocan. Su historia forma parte de su significado pero
escondida a menudo para la inteligencia. Y por eso
seducen. Y esa capacidad de seducción no reside en
su función gramatical […] ni en el significado que se
aprecia a simple vista, a simple oído, sino en el valor
latente de sonido y de su historia, las relaciones que
establece cada término con otros vocablos, la
evolución que haya experimentado durante su
larguísima existencia o, en otro caso, el vacío y la
falsedad de su corta vida. Nietzsche dijo que toda
palabra es un prejuicio, y que toda palabra tiene su
olor. Sí. Porque toda palabra es previa a sí misma,
existe antes de pronunciarla. Y en eso reside su poder.
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