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Presentación del artículo de Carlos Rey
Manuel Baldiz
La articulación entre la literatura y el psicoanálisis
es un asunto ya clásico que se puede abordar desde
diversas perspectivas. En una época se produjo cierto
abuso del llamado psicoanálisis aplicado al estudio de
obras literarias con el fin de profundizar en la supuesta
patología del autor de las mismas y/o en su estructura
psicológica. Una orientación diferente, y bastante
más interesante, es aquella en la que más bien
podríamos decir que se aplica la literatura al
psicoanálisis y no al revés. Freud siempre insistió
en que los poetas y los artistas van por delante
de la teoría psicoanalítica, son portadores de un
saber anticipado. Por ello recomendaba el estudio
de la literatura universal como una de las
dimensiones de la formación del analista.
Al margen de si el escritor se psicoanaliza en
alguna época de su vida o no lo hace nunca, se
pueden pensar ciertas analogías entre la posición del
que escribe y la del que se analiza. En ambos casos
se trata de un trabajo pormenorizado con el
lenguaje, con diferencias, por supuesto, pero con
semejanzas también.
Escribir es un síntoma, pero ¿y qué que lo sea?
Para el psicoanálisis orientado a través de Freud y
de Lacan, decir de algo que es un síntoma no
implica considerarlo necesariamente como algo a
combatir o hacer desaparecer. Hay buenos síntomas,
modos en los que el sujeto se las apaña de manera
excelente para cifrar el goce y soportar mejor el
dolor de existir.
Las palabras y las letras nos humanizan.
El hombre y la mujer son humanos por su ser
de palabra, que se ha constituido a través de
los significantes que se han ido inscribiendo desde
nuestros primeros balbuceos como cachorros en
el campo del Otro. En catalán existe una bella
palabra que designa a aquellos que son amantes
de cultivar las letras: lletraferits, es decir heridos
por la letra. En realidad, en el fondo, todos somos
lletraferits en un sentido estructural, puesto que
todos recibimos marcas simbólicas desde nuestro
acimiento, o incluso antes, aunque más tarde unos
se dediquen intensamente a dar vueltas creativas
alrededor de esa herida y trabajar con ella, y otros la
cubren con mayor o menor fortuna.
El padre del psicoanálisis, casi al final de su
vida, en una curiosa entrevista con Giovanni Papini,
afirmó que su sueño había sido siempre el de ser «un hombre de letras aunque fuese bajo
la apariencia de un médico». Sin lugar a dudas,
consiguió realizar parcialmente ese sueño.
Todo lo anterior viene a cuento porque tengo
la satisfacción de presentar a los lectores
de nuestra revista un artículo de mi buen amigo
Carlos Rey que lleva por título «Las otras lecturas
de Freud».
Carlos Rey, psicólogo clínico y psicoanalista,
desarrolla en dicho texto diversas cuestiones que
parten de las lecturas literarias de Freud y giran
en torno a lo que él mismo destaca como un punto
de intersección entre la literatura y el psicoanálisis:
el desvelamiento de los enigmas de la condición
humana. Lo hace, además, pertrechado de
abundantes citas y, sobre todo, con un estilo que
demuestra su amor por la letra escrita y al que
ya nos tiene acostumbrados desde hace años en
los magníficos artículos con los que colabora
regularmente en la revista del Colegio Oficial
de Psicólogos de Cataluña.
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